domingo, 28 de julio de 2013

Forever young





Cuando uno tiene que lidiar con el tormento del despertador, suele arrastrar la molestia todo el día, como un zumbido impertinente sacudiendo el cerebro.
Son horas de trance y sopor, en las que el alma divaga y el cuerpo sufre espasmos, máxime cuando las mencionadas horas se dilatan hasta el infinito en un trabajo repetitivo y monótono.

Así que cuando mis ojos se abrieron como platos ante aquel escenario absolutamente surrealista e insólito, sólo pude pensar que se trataba de una alucinación provocada por el cansancio más atenazador.



Nada más lejos.



Al salir del curro como cada día, vi en el cielo aeronaves desplazándose a gran velocidad y me quedé estupefacto. Aeronaves con publicidad de objetos que no conocía recomendados por meapilas de aspecto plástico que jamás había visto antes.

Mientras mis compañeros salían hacia la calle, se sucedían las reacciones más expresivas, desde los “buat de fac” hasta las paradas cardiacas, pero si hubiera que calificar aquello de algún modo preciso, las palabras certeras serían pavor y desbandada frenética.



Así (habiendo ya fichado claro está, no íbamos a eludir nuestro deber por un quítame de aquí este suceso apocalíptico), pusimos todxs pies en polvorosa en pos de encontrar refugio, explicaciones y en general, la supervivencia.



Pronto descubrimos que habían pasado doscientos años, y doscientos años son mucho tiempo.

El mundo ahora era gobernado por alguna descendiente bizarra de Belén Esteban, que se había casado con algún memo de la generación de turno de los Rotschild, en pos de pegar un braguetazo para salir en las revistas holográficas del corazón más asqueroso; y mira por donde, le había acabado reportando su cuota en la dominación global totalitaria.



Mis compañerxs supervivientes se horrorizaban ante las nefastas consecuencias de todo ese patético devenir del destino. Ahora el mundo era garrulo por imposición, tan garrulo como la nueva tecnología imperante le permitía ser. Mis pobres colegas se tiraban de los pelos, se arrinconaban y se mecían sobre ellxs mismxs, repitiendo la palabra “no” como un mantra desesperado y extenuante. En fin, no lo llevaban bien.



Yo no tardé en entender como cabía semejante posibilidad espacio-temporal tan aplastantemente paradójica. Como demonios podían pasar doscientos años sin que esto afectase de modo alguno a mí ni a mis compañerxs.

Y si no tardé en comprender lo sucedido fue porque en realidad venía avisando hace tiempo del riesgo que corríamos.

Solía decirles “¿chicxs, no os parece que hoy la mañana va más despacio?”, solía pedir a lxs encargadxs que al menos pusieran hilo musical; hasta escribí una poesía en la puerta del lavabo mientras deyectaba, un hermoso verso que rezaba algo así como “nunca vamos a envejecer, el tiempo se espesa hasta hacerse puré”.



Es más, en una ocasión hasta noté como me costaba desplazarme en el espacio, como si de alguna anomalía física relativa a la cuarta dimensión se tratase. Pero claro, uno siempre da por sentado que es culpa del sueño.



Pues ese día fatídico la impresión no se debió a sinestesia alguna. Ese día el trabajo fue tan devastadoramente lento, anodino e infumable, al parecer para la plantilla al completo simultáneamente, que sucedió lo previsible. El drama anunciado. El desenlace de nuestro horror cotidiano. Nuestra nefanda tragedia obrera. El tiempo se detuvo dentro... aunque siguió corriendo fuera.













domingo, 3 de marzo de 2013

Ferrankenstein


A sabiendas de mi escasa enjundia a la hora de pretender riquezas, es normal que te preguntes como puedo vivir de este modo tan abundante y cómodo.
Y a sabiendas de mi escasa vocación por perseguir el éxito material, pues te imaginaras que toda esta fortuna ha venido a mí por obra y gracia de la divina providencia, y en efecto, así es.

Todo lo que soy (en argot moderno: tengo) lo debo a mi sótano, ahora ya cuna de razas y La Meca de los científicos.
Es una habitación de lo más normal, y ni yo nadie hubiera podido adivinar que me reportaría pingües beneficios.
Pero resulta que emulando a Moureau, Mengele, Frankenstein y otras eminencias del campo de la genética, y sin tener ni pajolera idea de lo bien que se me daba, me puse yo también a jugar con la vida.

Creé las condiciones precisas, sin saberlo, y la vida, siempre abriéndose paso, hizo el resto. Tú dirás que la culpa es de los cerdos del ayuntamiento, por sacar a paseo el camión de la basura orgánica una escasa vez al mes, bueno, puede ser.
De acuerdo, he estado estudiando el árbol genealógico del alcalde, y sí, desciende directamente de Diógenes, y sí, me he colado en su oficina y he descubierto que trama mil subterfugios para sepultar la ciudad bajo toneladas de basura podrida... pero resulta que los bichos aparecieron primero en mi sótano, así que jódete. No importa a quien le atribuyas todo éste dudoso merito, la guita es para un servidor.

Reconozco que me asusté un poco cuando los vi por vez primera, todos allí en mi sótano jugando al mus, durmiendo por los rincones... que yo bajaba distraído y en pantuflas, y fue todo un impacto topar de bruces con aquel pesebre.
Porqué los había de todos los colores y tamaños. Parecía mentira que todo aquel circo de los horrores hubiera podido salir de unas, cada vez más radiactivas, bolsas de basura. Aunque en fin, considerando que la verdura cada día lleva mas petroquímicos, que el camión de la basura tuvo un fallo mecánico una vez, que al mes siguiente tuvo un fallo gastrointestinal su conductor y que todos sus posibles substitutos estaban en Mallorca perfeccionando el dialecto balear del alemán, pues el desenlace no se antoja tan descabellado. Tres meses de basura orgánica adulterada en plena metamorfosis sólo porque el camión dejó de pasar dos veces. Así es el mundo de mi (ese lentísimo) Sr. Alcalde.

Su mundo y sus subsiguientes submundos, claro está. El de mi sótano estaba bastante bien distribuido, con un sistema social de castas jerarquizado aunque bastante equitativo, criaturas sin catalogar que convivían entre la inmundicia en bastante armonía y no obstante, con cachondeo y despiporre. Una maravilla.

Pero es que el sótano es mío y no hay más que hablar. Por lo tanto decidí deshacerme de ellos. Y en realidad pensé dejarlo en manos de mi espinazo y Mr. Proper (me contó que se había quedado calvo del estrés de luchar contra criaturas del averno cada vez que se estropeaba el camión de la basura en éste pueblo, que antes de eso se hacia cosquillitas en la entrepierna con las puntas de su melena), pero al final pensé que igual los científicos estarían interesados en... en fin, en “aquello”. Y juro solemnemente que no lo hice con ánimo de lucro. Pero me sentí tan profundamente presionado cuando sugirieron distraída e indirectamente darme dinero por ver como me limpiaban la cueva, que pensé... “bueno va”.

Ahora me baño en leche de burra y esnifo cristales de Swarovski, por pasar el rato, porque tanto dinero la verdad es que te vuelve ocioso. Vale, bastardos envidiosos, y vil, ya lo he dicho.

Eso sí, aún conservo el alma pese a ser un potentado, aunque sea mínimamente. Lo sé porque el otro día sentí algo parecido a una ligera emoción cuando vi a una de las criaturillas de mi sótano por la TV. Se conoce que es un personaje muy popular entre los imbéciles que conforman el vulgo, ya se sabe como son, idolatran e imitan cualquier cosa si aparece en esa pantalla.
Y también es cierto que cuando mis vasallos me pasean a hombros por las calles del pueblo me parece distinguir en ocasiones a algunas de mis criaturas bípedas... pero nunca estoy seguro porque la gente de este pueblo es rara de cojones.

La verdad es que observándolos cualquiera diría que son todos criaturas salidas de... Oh, espera! Oh sí, Sr. Alcalde, su maquiavélico plan es sencillamente genial.









domingo, 13 de enero de 2013

Deconstruye


Estuve allí cuando todo pasó. Yo vi el cielo nublarse de un modo abrumador y traer consigo la penumbra y la quietud, una especie de sosiego que nada tenía que ver con todo el vértigo pausado que sobrevendría después.
Estuve allí sin saber lo que iba a suceder y tan pronto como empezaron a caer cuatro gotas de lluvia en medio del silencio, todxs nos estremecimos y todo se desvaneció.

Todas las cosas se esfumaron, todas. Y de todas las maneras. No quisimos entender nada, ni yo ni ningunx de nosotrxs, sólo lo contemplamos todo con la quietud solemne que embargó la vida durante ese rato.

Era extraño ver como se desmantelaban las cosas. Vimos separarse las tejas de las casas una a una, vimos como desaparecían gradualmente. El metal se hacia líquido y formaba grandes chorros en el suelo que se disolvían entre el agua que el cielo nos regalaba para limpiarlo todo. Los surtidores de gasolina se desvanecían, los coches, despiezados, volaban unos metros y dejaban de existir; y lo mismo sucedía con todo lo demás. El mundo se sostenía en el aire, sin que las fuerzas gravitatorias se esmerasen en llevar la contraria al destino, para luego desaparecer. Y era todo un espectáculo, a veces uno no se da cuenta de la enorme cantidad de cosas que le rodean.

Volaban las chinchetas, los billetes y los bolígrafos. Los teléfonos móviles, las carteras, las perchas y los vasos. Los ordenadores, la mesas, las armas y las macetas. Todo se desintegraba, se desvanecía, se diluía o esfumaba, de un modo u otro, todo desapareció. Ya no había nada.

Tras la cortina de agua ya solo se veían los colores de verdad, los de la vida, ningún sucedáneo accesorio. Se distinguían los bosques y la montañas contrastando con aquel cielo ennegrecido. Descubrimos sonrientes que había paisaje tras los edificios y había suelo bajo el asfalto.

Atonitxs, pero sintiendo más paz que miedo, quedamos todos los seres vivos.
Sin entender nada y aún sin pretender entenderlo, intentando no movernos por si algo nos hacia desintegrarnos a nosotrxs también, allí estábamos, en pie, las ardillas, las vacas, las ratas, los búhos, todos. Naturalmente, también las personas humanas.

Fueron apenas unos minutos de confusión, minutos efímeros en comparación a la espera seglar que había soportado nuestra Madre. Y tras toda esa paz empapada y silenciosa, las personas empezaron a sentir aquel extraño hormigueo a su alrededor y súbitamente se vieron rodeadas por la desintegración; sus ropas empezaban a desvanecerse también.

Algunxs chillaban por puro instinto de supervivencia, con la angustia de no saber si luego serían sus cuerpos los volátiles, mientras todos sus trapos y complementos se elevaban huyendo.
Otrxs, ajenxs a la magnitud de lo que sucedía, intentaban ridículamente ocultar su desnudez con las manos. Anillos, collares, gorras y pantalones, todo sobraba.

Así que en muy corto espacio de tiempo, allí seguíamos todxs, pero ahora desnudxs. A los linces y las urracas no pareció importarles demasiado este ultimo giro, pero a muchxs humanxs aún les provocaba sensaciones que a la postre comprenderían como necias.

Tras toda aquella confusión, continuó la paz de quien asiste a eventos tan grandiosos que le hacen sentir muy pequeño. Y tras esa paz, el miedo.

Un miedo escalofriante que no venía de ninguna amenaza externa, porque ya nada más sucedió, sino del peor sitio posible, de las profundidades de cada ser.

La contemplación de toda esa desnudez y silencio pareció obligar a las personas a mirar dentro, pues fuera todo lo que les distraía había desaparecido, y aquel horror duró horas. Recuerdo como nos desplomamos la mayoría, pálidxs y con el pelo chorreando. Caíamos de rodillas y nos cuestionábamos todos los niveles, los generales y los individuales. En que habíamos convertido nuestra casa y cuanto odio habíamos sentido por seguir unas normas que siempre fueron antinaturales.
El llanto era casi unísono, y una vez más, los animales nos miraban quietos, aunque su quietud también nos delataba y solo nos hacía experimentar la miseria de un modo más acuciante. Lagrimas, temblores y lamentos desgarradores que terminaron por sucumbir cuando hubimos comprendido.


Y cuando hubimos comprendido, todo eso que nos consumía por dentro, también dejó de ser. Las penas se hicieron lágrimas, las culpas gritos de muchos decibelios, y terminaron esfumándose junto con los plásticos y los metales. Con la única salvedad de que esta vez la autoría de tal desintegración era nuestra y sólo nuestra.

De nuevo vivimos intensos instantes de paz y esta vez, nos sentimos bien y no creímos necesario aguardar expectantes que sucedería luego, ya no importaba. Esta vez, los animales se acercaron sin miedo al vernos, y nosotrxs tampoco tuvimos miedo de ellos. Ya no éramos una amenaza mutua.

Desde los nuevos niveles de limpieza interior y conocimiento de las emociones, llegamos a entenderlos. A entender lo que sentían, pues aunque desconociéramos las bases de su lenguaje, sentíamos exactamente lo mismo.

Así, las ardillas me hicieron saber que ahora sobrevivirían los más fuertes. Y a punto estuve de entristecerme. Pero me hicieron entender algo muy simple. Morirían algunxs hasta adaptarse, pero ya no morirían millones por la guerra, el hambre, la avaricia, la frustración, el frío o la pesada tristeza que creaba la soledad. Morirían algunxs como moriremos todxs, como siempre hemos muerto todxs, pero de un modo mucho más digno y natural. A fin de cuentas, la muerte no es nada que deba temerse, aunque es algo que no entenderíamos hasta mucho después.

Ya sólo nos quedaban ganas de abrazarnos, y eso hicimos. Y algunxs empezaron a planear refugios y viviendas y pronto todos tenían objetivos comunes y nadie sentía la necia necesidad de poseer la vivienda más grande, porque todos éramos la misma cosa.

Apenas pude disfrutar de esa extraña felicidad que siempre supe que nos aguardaba, de la sensación espiritual de saber que todo se ha resuelto, porque algo me despertó, y se esfumaron los abrazos con los alces, los planes conjuntos, la preciosa desnudez de todos los cuerpos distintos y no por ello “defectuosos” y la alegría de quienes antaño se sintieron repudiadxs o inferiores y ahora eran uno más del uno que éramos.

Como los coches y los miedos, también todo eso se esfumo para mí y me quede sentado, solo en la cama intentando discernir lo que es un sueño y lo que no. Porque desde luego, sí quedó algo tras todo eso, quedó la paz. La misma paz que me embargaba y me hacía reflexionar sosegadamente.

Si el sistema es odio y destrucción, luego yo soy el sistema cuando lo odio hasta querer destruirlo. Sólo necesitaba obviar las distracciones superfluas y buscar dentro. ¡Que fácil era!

domingo, 18 de noviembre de 2012

Cerbero, desertor con causa.


Cuando uno decide tumbarse a la bartola a explayarse en el asueto, merecidamente o no, lo último que desea es que vengan a hincharle las narices.

Y con éste noble afan de entregarse a no hacer nada de nada, se había refugiado Pandoro en su cueva. ¿Porqué? Porque fuera de ella sentía asco de lo mal que estaba el patio. Había decidido salir ya única y exclusivamente para ir hasta su lugar de trabajo; lugar que también le asqueaba sobremanera, pero que le permitía mantener y sustentar su guarida cómoda y protectora.

Había sufrido experiencias indecibles y presenciado la aberración social llevada al límite ahí fuera, y por esta razón, un buen día díjose basta. Apagó el teléfono, desconectó el timbre y se repantingó en su sofá dispuesto a gozar del sosiego más improductivo.

Tranquilo estaba él, inundando su fuero interno con profundas reflexiones sobre la naturaleza del cacahuete, cuando alguien irrumpió en aquel sopor aporreando con brío la fuerza.

Resopló, maldijo entre dientes y fue a abrir. Él no salía a molestar a nadie, había renunciado a la interacción con el prójimo, ¿porqué demonios irían a molestarle a él? Le producía cierta urticaria esta injusticia que él consideraba capital.

Al abrir la puerta, se encontró con un tipo pintoresco. Se identificó como un emisario de Azamon, o ago así. Al parecer buscaban reclutar nuevos empleados pues la venta online era un infinito tragín frenético que siempre exigía de recursos humanos frescos. Pandoro preguntó que porque no mantenían simplemente los empleados que ya tenían y así se ahorraban la molestia de picar puertas y en especial le ahorraban a él la molestia de tener que levantarse a verle la puta cara a su interlocutor. La respuesta fue una retahíla de balbuceos entre los que apenas pudo distinguir conceptos tales como “mortadelosis”, “campo de refugiados Seepark”, “autobuses patinando”, y otros tantos términos completamente confusos. Pandoro se hastió y mirando fijamente a los ojos del papanatas, juró que si se le ocurría volver a molestarle le daría de puñetazos hasta cansarse. El panoli titubeó y Pandoro le espetó un portazo.

Pandoro estaba demasiado quemado. Estas cosas le afectaban, que él sólo quería paz, y entre sudores fríos y ciertas arritmias, volvió hasta su sofá.

Necesitó veinte minutos para recuperar la relajación que anhelaba y al vigésimo primer minuto, oyó como aporreaban su puerta. Pandoro rugió la blasfemia más grande jamás pronunciada por el ser humano, y la educación que le habían dado, esa maldita educación contra la que no podía luchar, le obligó a levantarse. Otra vez.

Llegó a la puerta con las mandibulas y los brazos adoloridos de apretar dientes y puños, y al abrir vio ante sí a la muerte.

-¿¿Qué cojones??...
La dama de negro se lo quedo mirando perpleja y él miró perplejo a la dama de negro.
- Mira, ¿¿sabes que?? prefiero que me lleves a seguir vivo para que me sigan manoseando las gónadas, hala, vámonos.
Pero la implacable se limitó a contestar: -¿Es que no vive aquí Hermenegilda, viuda, 81 años? Si tengo esta direccion...-
- Vive en aquella puerta, so imbecil, maldita sea-, contesto Pandoro.
- Ah vale, perdona eh... ya volveré otro día.-

Poca capacidad de reacción tuvo Pandoro tras cerrar la puerta. Se sintió a merced de los brincos y cabriolas de su sistema nervioso, y entre espasmos, algunos de ellos dolorosos, y los tics espontáneos de su ojo derecho, que parecía pedir auxilio a la desesperada en código morse, se desplazó hasta el sofá, el puto sofá, una vez más.

Le costó algo más recuperar la estabilidad en esta ocasión. Estuvo sesenta minutos maldiciendo el mecanismo social infundado que le impedía simplemente ignorar la puerta, y tras respirar profundamente trescientas veinte veces, los espasmos se fueron apaciguando. Aunque ya nunca jamás le abandonaría un eventual guiño de ojo derecho, siempre esporádico e involuntario.
Ya no podía reflexionar sobre la extravagante estética del esturión lombardo, pero aunque sólo pudiese pensar en lo asqueroso de la especie humana, al menos podía tumbarse a pensar en algo en soledad y paz, al fin.

Volvieron a aporrear la puerta. Pandoro sintió entonces que le faltaba el aire, como un pez al que arrancan con violencia del abrazo del agua. Dudó, por primera vez en su vida, dudó, pero que va, su educación fue muy eficiente y no pudo resistirlo. Fue a abrir cagándose en la puta madre de todo ser viviente.
Ahí estaban, dos testigos de Jehová plomizos de esos que no despegas ni con agua caliente. Le traían tiras cómicas de portadas espectaculares, con leones y corderitos abrazándose y leprosos bailando breakdance felices. No se molestaron ni en saludar y ya habían dado rienda suelta a su verborrea. Sometieron a Pandoro a un severo correctivo compuesto por un sinfín de dogmas, aforismos, contradicciones místicas, promesas de cosquilleos póstumos y axiomas sacrosantos, pero Pandoro no estaba ahí.
Aunque su cuerpo estuviera enfrente, su mirada ida evidenciaba que su mente estaba ausente. Su cerebro, en pos de proporcionarle una realidad mejor, le había llevado a revivir los episodios más traumáticos de su infancia y adolescencia, la mayoría de los cuales no había podido superar aún. Estas retrospectivas hicieron asomar una lagrimilla en su ojo derecho, el del tic crónico. Los testigos, emocionados, lo asumieron como una muestra de la enorme contundencia de sus verdades y su efecto sobre el espíritu y le cogieron la mano al hombre ausente, para hacerle firmar documentos como si de un maniquí de tratase. Esto hizo reaccionar al bueno de Pandoro: -“Pero vosotros... ¿cotizáis en bolsa no?”-
Ellos se miraron entre sí, sin saber muy bien que responder. Un momento de estupefacción que aprovechó Pandoro para berrear: -“Pues a tomar por culo, fariseos...”- Les pateó el culo, rodaron por las escaleras y cerró una vez más la puertecita infernal.

Fue cerrarla y cayó allí mismo. Se vio superado por un histórico ataque de ansiedad histérico, que aún se estudia en las universidades y salas de tortura hoy en día. De no ser porque estos ataques no son mortales, habria muerto siete veces, y desde luego la agonía que vivió fue pocas veces experimentada antes en éste planeta. Cinco horas de tormento hasta que su cuerpo sintió compasión y le hizo perder la conciencia.



Le despertó la puerta. Alguien llamaba.



Él , tras levantarse como pudo y babeando, abrió automáticamente, como siempre, pero ya no era él. Al otro lado de la puerta había un hombre desgreñado y ataviado con un traje gris. Un tal Mingo, que representaba a “Sanlu”.
- “Verá es que hemos estado prospectando a saco en la zona y tal, pero aún no habíamos podido hablar con usted...”- y así prosiguió, con una labia impecable mientras Pandoro pensaba si ir a por un cuchillo. -”¿¿Que si tengo seguro de salud?? Mi respuesta es: ¿¿es que no puede uno ya ni perder la conciencia sin que vengan a sodomizar su alma y su paciencia??-
Dio el ultimo portazo que pudo dar aquel dia, su único día de descanso en meses pues en su curro le explotaban, y se arrastró llorando, literalmente, hasta el sofá. Allí le dieron quince soplos consecutivos al corazón y volvió a perder el sentido, desfilando por la delgada linea que divide los mundos.


Despertó en un hospital de mala muerte y relató su martirio al doctor, un charcutero pluriempleado por ETT. Le explicó que no podía negarse a abrir, pero que no podía soportar más que no le diesen tregua. El “galeno”, por llamar de algun modo al carnicero de las SS, le dijo que alguna manera de complicarse a si mismo para abrir la puerta debía existir. Así, tras quedarse en babia cavilando sobre el cacahuete y el esturión, secuelas cognitivas de lo acaecido, Pandoro dedicó unos minutos a reflexionar sobre las palabras del doctor y dio con una solución.

Al día siguiente se instaló una cadenita especial en la puerta, mascullando un juramento solemne: “Por mi alma inmortal que os aburrís y largáis antes de que haya abierto, ahorrándome veros el careto, y eso suponiendo que venza la pereza de enfrentarme a éste laberinto cada vez. Pero como consiga abrir y aun estés ahí, seas quien seas, juro que vacio tu propio instentino grueso en tu bocaza de estólido.”


Por eso yo que conozco la desgracia de Pandoro, me pongo nervioso cada vez que alguien tarda un poco en abrirme la puerta. No es que sea impaciente joder, sólo velo por la integridad de mi intestino, que os gusta mucho criticar.







lunes, 10 de septiembre de 2012

Un día en las carreras.

¡Señoras y señores!

¡Sean todos bienvenidos a la que promete ser una jornada apasionante, como pocas se recuerdan en nuestro querido y siempre trepidante mundo de la velocidad!

La mañana es inusitadamente cálida para ser el mes de marzo, ¡y el bullicio y el alboroto que se viven a pie de pista son ensordecedores! No en vano nuestros ilustres competidores han estado preparándose a conciencia en la bolsa térmica del Tegut que da origen a este premio que pronto será legendario! Sean todos pues bienvenidos, al primer GP “lebensmittelverdorbendurchunzureichendekühlungkarriereufmoketgrau”celebrado en el céntrico hotel Am Klausturm de Bad Hersfeld.

Entre los avezados participantes de este premio sin parangón, figuran nombres de tanta reputación como: los tomates (nunca creyeron que fueran a convertirse en algo tan BIO), el queso Emmental, el salchichón o por supuesto, el gran favorito para todos los aficionados y también según las casas de apuestas: ¡el queso danés!

La tensión se podría cortar con un cuchillo en la parrilla de salida, y a la voz de ya, determinada por el portazo que pega la desidiosa mujer del servicio de la limpieza al salir, ¡dará comienzo la estrepitosa carrera!

Entra la señora, observa a su alrededor; no se inmuta. Un segundo... acaba de dejar una bolsa de basura sobre la mesa, y sí, con esto ha concluido su labor diaria; ¡así pues se acerca el gran momento por todos ansiado!

La señora cierra la puerta tras de si y en un santiamén, ¡arrancan a correr todos nuestros temerarios pilotos!

¡Sus caras de concentración demuestran el ahínco conque afrontan esta severa prueba! ¡Muy pronto la habitación pasa a ser una sucesión continua de encontronazos, aceleraciones no aptas para cardíacos y derrapes!

Tras las primeras veinte vueltas, el queso danés ha logrado una ventaja considerable con respecto a sus contrincantes y parece dispuesto a elaborar una estrategia basada en la conservación, sin asumir demasiados riesgos, aunque los tomates se estén dejando la piel en alcanzarle.

¡Un momento! ¡Al parecer ha acontecido una tragedia! ¡El colchón, ávido de competición y velocidad, ha saltado para unirse a la carrera! Pero no cabe en el precario circuito que es durante esta jornada la habitación... ¡y el accidente que ha provocado ha sido mayúsculo! ¡Los tomates han chocado de lleno, viéndose obligados a retirarse de la competición, y varios de los demás pilotos se han visto obligados a detenerse para evitar aumentar el colapso!

¡Mas no nuestro héroe! ¡El queso danés, gracias a sus extraordinarias cualidades atléticas, ha conseguido sortear de un salto el enorme obstáculo!

Parece que ha sido la gota que ha colmado el vaso para él, su paciencia raya sus lindes... entre blasfemias, imprecaciones y juramentos soberbios se ha ido por la ventana en busca de nuevos desafíos que le supongan una mayor exigencia.
Sólo el tiempo nos revelará el destino de nuestro intrépido aventurero.

Mientras tanto que recojan Ferran y Eli el estropicio, que el personal de limpieza con presentar sus condolencias tiene más que suficiente.

Y con esta esperanzadora declaración de independencia concluye, de manera un tanto accidentada y antes de lo deseado, la jornada. Los alimentos deben ahora recuperarse, volver a entrenarse y volver a fermentar para poder dar lo mejor de si en la próxima ocasión...

¡Así pues, hasta entonces señoras y señores! ¡Muchas gracias por su atención!






jueves, 6 de octubre de 2011

Pla de màrqueting RECASA. Tunegem ta carcasa!

El vertiginós ritme de vida modern, genera constantment noves necessitats en sectors que s’han d adaptar a les exigències del nou transcurs del temps.
A partir d’aquesta premissa, a RECASA (Recanvis Eficients per a Cossos Atrofiats S.A.) hem decidit fer una incursió en el prometedor món de la biogenètica i les infinites possibilitats que ofereix.

La nostra empresa, afiliada a les més prestigioses indústries del camp de la enginyeria biogenètica crearà tot tipus de “recanvis” naturals per a persones que hagin vist malmesos els seus organismes degut a la seva activitat professional o simplement a circumstancies fortuïtes impossibles de preveure. Parlem d’extremitats fetes a mida i creades a partir dels propis gens de la persona que vulgui gaudir dels nostres serveis.

Això obre un ventall de possibilitats molt extens, ja que garanteix una segona oportunitat a molta gent que de no ser per la nostra oferta  hauria hagut de resignar-se o conformar-se amb alternatives no tan generoses.

Les perspectives de negoci i rendibilitat son immediates ja que és una solució pràctica i innovadora per a un problema que desgraciadament es repeteix per moments a tot el món.

Quan ja haguem conquerit aquest espai,com a objectiu de mig termini començarem una segona fase d’actuació que consistirà en oferir extremitats amb prestacions extraordinàries triades personalment per cada client, adaptades així als seus desitjos.

Fins i tot cap la possibilitat de millorar els cossos de la nostra clientela sense necessitat de que hagi patit cap accident prèviament, només per la seva voluntat d’aprofitar les opcions que ofereix el progrés científic per a potenciar exponencialment els seus organismes. Per a aquest últim punt, però, calen un seguit d’estudis, permisos i altres entrebancs complexos de resoldre. És per tant un objectiu a llarg termini.


MERCAT

La nostra primera oferta serà adreçada als exercits. La indústria militar és una forta inversionista i el fet de poder reconvertir les seves baixes, fins i tot al ser parcials, en membres de les seves tropes que es reincorporen amb absoluta normalitat al seu càrrec, els hi genera tot un ventall de noves perspectives, en termes estratègics, econòmics, etc.

És cert que els països més poderosos poden accedir a desenvolupar la seva pròpia versió del nostre producte, però encara podem negociar per a participar dels seus projectes, així com oferir versions més rudimentàries per a exercits també necessitats però amb menys recursos.

Per altra banda, hi ha tot un reguitzell de sectors de la societat que de seguida mostraran un gran interès, com ara tots aquells professionals que conviuen amb el risc ja sigui amb una exposició constant i greu (bombers, policies, etc) o a menor escala (com ara els fusters).

La nostra intenció és pactar convenis específics amb cadascun d’aquests col·lectius, però tot i així adreçar-nos de manera directa als hospitals perquè en condició de comissionista ofereixi el nostre servei a tota persona accidentada. D’aquesta manera ens assegurarem la clientela directa a partir dels col·lectius, mentre que ens obrim indirectament la porta a tot tipus d’individualitats.

L’estat del mercat actual, un cop realitzats els estudis sobre els possibles entrebancs morals i legals i l’adaptació social i legislativa als mateixos, i analitzades a fons les estadístiques sobre accidentalitat a múltiples àmbits del món modern, és immillorable.


COMPETÈNCIA

A hores d’ara ningú al món ofereix un servei com el nostre, és un producte únic a la seva espècie. Si bé hem d ‘admetre que encara que sigui viable, tindrà una acceptació bastant difícil per part d’alguns col·lectius, com ara les institucions religioses o altres col·lectius de forta càrrega ètica i moral. Aquests serien els nostres detractors i farien el possible per impossibilitar la nostra tasca.

El que podríem considerar competència directa és únicament el seguit d’alternatives, tot i que molt inferiors a la nostra proposta, que es dóna als nostres clients potencials.

Parlem per exemple del sector de la robòtica, que ha experimentat als últims anys una forta expansió en l’àmbit de les extremitats biòniques. Però aquestes són bastant cares i en termes de percepció, totalment antinaturals.

Les empreses dedicades a la fabricació de pròtesis també ofereixen una alternativa al nostre servei, però en termes de qualitat no tenen ni de lluny les nostres prestacions, i la sola idea de que puguin tornar a algú el seu braç tal i com era abans d’aquell tràgic fa que qualsevol “braç” artificial, ja sigui de fusta o de titani, sembli immediatament obsolet.

 PREU

Si bé la nostra oferta partirà d’un preu baix per als grans clients, com ara els exercits, el preu de sortida per als individus interessats en recuperar parts del seu cos serà bastant elevat.

Als exercits, i de forma més reduïda als col·lectius en risc, els oferirem preus tancats per a tot un any, de manera que funcionem pràcticament com a companya asseguradora dels seus cossos. Això ens permetrà oferir preus bastant raonables considerant el servei extraordinari que oferim.

En canvi per als individus que vulguin els nostres serveis de manera puntual, cobrarem en funció de la urgència amb la que vulguin veure el seu cos tornar a la seva forma original, en funció de quantes parts del seu cos haurem de crear i substituir i altres variables.

Més endavant, quan comencem a endinsar-nos en el mercat de les creacions personalitzades amb millores i sense necessitat d’accident previ, augmentarem sensiblement els preus d’aquest servei especial i reduirem a una tarifa mínima i amb poc marge de benefici el nostre servei estàndard. Considerem que a aquestes alçades ja tindrem amb tota probabilitat l’exclusivitat del nostre servei i un volum de negoci prou ostentós com per permetre’ns ésser accessibles per a tota la població.

Segons els primers càlculs els preus que oferirem són els següents:
- Tarifa anual (per a exèrcits i altres possibles grans consumidors): 20 000 000 €
- Tarifa temporal (per a grans consumidors amb necessitats esporàdiques): 4 000 000 €/mes
- Tarifa per a col·lectius no bèl·lics en risc: 300 000 €/mes

- Tarifa per substitució d’extremitat estàndard:  1 peça : 100 000 €
                                                                                      2 peces: 150 000 €
-Tarifa per substitució d’extremitat millorada:  1 peça : 200 000 €
                                                                                    2 peces: 300 000 €

Per a oferir preus sobre peces de petita mida, com ara dits o orelles, avaluarem cada cas detalladament.


DISTRIBUCIÓ.


El nostre servei originàriament serà creat a laboratoris d’empreses associades i “instal·lat” a clíniques d’empreses associades.
Més endavant, un cop assolits els primers objectius, crearem les nostres pròpies instal·lacions (les primeres prop de bases militars i hospitals) i un cop conquerida aquesta fita crearem instal·lacions mòbils que emprarem per acompanyar els exèrcits allà on hi hagi guerra. Això està exclòs de risc ja que oferirem el servei a tots dos bàndols, que en realitat solen ser el mateix. Només participarem del seu negoci de la guerra d’una altra manera.

 PROMOCIÓ.

A la primera fase, la d’establir-nos com a part activa de la indústria armamentística no realitzarem cap mena de publicitat, sinó que ens adreçarem a ells per a negociar directament.

Un cop superada aquesta etapa inicial decisiva, ens donarem a conèixer al gran públic mitjançant pocs anuncis però molt demagògics. Gent somrient que torna a fer una vida normal amb música tendra de fons i altres situacions que ens mostrin com una companya amable i esperançadora, són suficients amb el recolzament dels mitjans com per a implantar un posicionament favorable a nosaltres. Tampoc podem oblidar que formarem part del negoci de l’armament, que és el més poderós del món propagandística i econòmicament parlant, i que l’exèrcit i fins i tot els telediaris ens ajudaran a semblar uns autèntics salvadors.

Els hospitals també ens donaran a conèixer a tota persona accidentada a canvi d’una petita comissió i per suposat comptem amb el boca-orella, que sigui positiva o negativament, ens farà omnipresents a tots els nivells de la societat.
En última instància, i per suavitzar la mala imatge que puguin difondre sobre nosaltres els nostres detractors, crearem una “fundació benèfica” que s’encarregarà de operar gratuïtament nens de fins a 15 anys o veterans de guerra, amb la excel·lent publicitat que això comporta, considerant que els ingressos en donatius i subvencions superaran amb escreix la inversió realitzada en aquesta tasca.


PREVISIONS DE VENDES

Un cop hem establert els primers contactes amb els empresaris de la guerra i els seus delegats els governs, hem aconseguit pactes amb el 80% dels exèrcits del món, que en realitat estan directa o indirectament a mans de un grup molt reduït de persones, amb les que, òbviament, ens hem associat.

Aquests mateixos magnats també posicionaran els seus governs i mitjans de comunicació en línea amb els nostres interessos.

Donat que la inversió més important, la referent a investigació i desenvolupament, ja va ser realitzada durant anys, ara només cal realitzar petites aportacions per a la creació de peces orgàniques que en cap cas supera l’amplíssim marge de benefici que ens ofereixen.

Per tant, un cop garantits els objectius gràcies a la cooperació militar al llarg dels primers anys, que de fet ja ens han garantit una mitja de 30 guerres anuals durant el pròxim quinquenni, les vendes ens reportaran ben aviat uns beneficis monstruosos, tant en quant al servei directe com a la venda d’accions de la companyia.







   Dos operaris de RECASA en la recerca de cèl·lules mare.

domingo, 16 de enero de 2011

Dulce demencia.


Oh dulce demencia/ mi corazón arde por ti/ no me desesperes/ ven desnuda a mí con tus alas de mil cueros arrancados/ aquí donde el placer encadena profundos secretos/ en los chorros tras la oscuridad.

Bajo lunas llenas/ de líricas enceradas/ la poesía de lxs muertxs anega el alma/ cual semilla escarchada de los demonios liberados/ maldiciendo con vértigo las estrellas.
Y en su danza, en trance, he apreciado/ separarse ampliamente, manchados, muslos obsidianos.
Portales himeneos a los lados oscuros/ un vistazo a las ruinas en las que la demencia yace.

Oh dulce demencia…

Embrujado por sus presagios/ una honda obsesión en mi mente/ con el mundo hundido bajo mis pies/ entre arboledas de altos cedros y sublimes tumbas para egoístas.
Descansando toda su importancia/ en alas de mármol que se propagan en los cielos/ sobre un valle de sueños que pareciera/ que la luz del día lucha por dejar atrás.

Estas visiones me golpean como el sexo furioso/ clavando labios húmedos en las frías paredes/ destellos de lujuria entre las cenizas/ salpicados sobre mi palio psíquico/ cuando lxs amantes híbridos alcanzaron su clímax/ con su estocada final/ pues yo todo lo veo/ sin que me vean a mí.

Prohibida demencia/ en la eterna fábula de Judecca/ un santuario para el pecado… / para el paraíso rival/ pero no para los trágicos naufragios del edén.
Pequeñas misericordias observando las bóvedas/ de edificios ya demacrados y derruidos/ en medio de las nieblas que alumbran tus dedos.
Desde donde las más terribles sombras/ se dibujan otra vez en los pernos oxidados/ y hasta se atreven con los bellos umbrales/ que el sol mordaz se arrodilla a besar.

Espejismos del anochecer entre tu crueldad que es la fantasía/ que lxs hijxs de Dios jamás perdonarán/ pues no habrían de vivir este tipo de tormento.

Yo, hipnotizado, no emergí de los sepulcros/ con sus valses sibilantes/ a través de la penumbra creciente/ sino del flujo de la luna floreciente/ dejando al descubierto un rostro borrado/ vejado desde el útero.

En la demencia escondida/ se extienden vuestras mentiras ególatras/ santificando y bendiciendo el repulsivo pecado.

Orificios demacrados y derruidos/ en miedos de la niebla que alumbran mis dedos/ y observo sin revolverme/ vuestras asquerosas carnalidades/ que pocas bestias consentirían.

Entre la loba y el perro/ se relacionan mostrando los colmillos/ un rito nocturno de coños y fauces/ que observa altivo quien aguarda para cazar.

Fueron esos mil suspiros que me apresarán durante siglos/ los que entre la bruma de láudano/ todos pinté.

La extensa tribu de Set/ con la sangre de mis venas esclavas dibujé/ para abrazar a la muerte en paz conmigo.

Grotescas bestias en piel de mujer y hombre/ de las que el cuervo huyó sin extremidades/ hacia el suicidio entre los muslos separados y humillados de los serafines.

Mediante escaleras de mármol/ gusanos osan/ ascender como si fuesen almas elevadas.
Y en su danza, en trance, he observado/ separarse ampliamente, manchados, muslos obsidianos.
Portales himeneos a los lados oscuros/ observando helado el puto laberinto donde la demencia se esconde.

Oh dulce demencia…

Sé lo que he visto…/ en los espejos opacos de la cordura/ en el último retiro del orgullo emérito/ almas monstruosas disfrazadas de lascivia/ que me atan los sueños con correas, con gran peligro
Al igual que las sombrías profecías de ascensión/ la venganza de la vida será cavada profundamente/ una trama espeluznante que se leerá/ en mi blanca paz, sucia tras salpicarse con vuestros gritos/ cuando el pánico infantil abandone su bruma y se dirija a mí.

Adelante, atrévete, ¡ven a por mí!

Exhumando la luna/ entre los barrotes de mi cuarto/ cuanto antes las amargas píldoras trago/ pero no hay Afrodita ni demonios que den lugar a mis demandas para ti.

¡No!, ¡no!, ¡no!, ¡no!, ¡no!/ no me dejéis en esta celda llena de tormentas/ ¡No!, ¡no!, ¡no! Con promesas hirientes/ con cadáveres sonrientes/ nuestro destino es la antesala del infierno del abandono.

¡Oh dulce demencia!






domingo, 28 de noviembre de 2010

Senderos en cueros


Cuando nos daban plastilina en edades preescolares, intentaban echar un cable a nuestro sistema psicomotriz, a preparar nuestros sentidos para las texturas y mil aspectos racionales más. Pero algunxs no nos centrábamos precisamente en eso. Algunxs de nosotrxs, por más que entrenáramos nuestros cuerpos según lo previsto y sin ser conscientes, aprovechábamos para centrarnos en lo realmente importante. ¿Quién iba a saber mejor que nosotrxs mism=s qué era lo que importaba? Nos centrábamos en usar la plastilina para dar forma a los infinitos pozos imaginativos de nuestro mundo interior. Hacíamos trenes que llegaban a la luna y elefantes malabaristas con nariz de payaso, y las limitaciones de los adultos les impedían entenderlo y teníamos que tener paciencia y explicárselo. Pero lo hacíamos contentxs en el fondo, porque nos gustaba compartir nuestro mundo.

Parece que aquello no les disgustaba, pues estábamos en una edad idiota y que íbamos a saber nosotrxs. Eso sí, con el tiempo, su actitud se fue rigidizando y nos fueron reduciendo el margen que teníamos para escoger si queríamos esquematizar nuestros cerebros racionales o si preferíamos alimentar a bandazos pasionales la magnificencia de nuestro mundo interior.
No es necesario explicar el resultado de estos dilemas. Tras una dolorosa y cauterizante sucesión de castigos, amenazas, marginaciones, humillaciones, escarnios públicos y todo tipo de coacciones y chantajes, acabamos aceptando la cuadricula del “día de mañana provechoso”, sacrificando así las montañas rusas que “no conducían a nada”.
Ahora ya somos “otro ladrillo en el muro” y no parece que se nos ofrezcan más vías de escape para la frustración que eso nos produce que las de consumir o evadirnos.
Hasta aquí el pesimismo y el necio enfoque del “no hay nada que podamos hacer”.

Cuando veo a mis vecinxs, y a la ciudadanía en general, me resulta imposible no detenerme a observarlos y reflexionar. ¿Por qué regla no escrita preferirán siempre la TV a dibujar lo que llevan dentro? Es divertido dibujar, y gratificante, y además puedes compartirlo o incluso regalarlo a quien mejor te haga sentir. No puedes sin embargo regalar el Gran Hermano o el Sálvame Deluxe, por citar dos formatos de exterminación mental masiva.
Bueno no es fácil plantar cara al miedo constante, el esfuerzo de ver la televisión es el menor de la vida moderna y siempre te mirarán mejor si comentas la programación de la televisión que si das rienda suelta y forma tangible a tus delirios, pues a menos que lo hagas con ánimo de lucro, serás llamadx “bohemix” o “bala perdida”. 
Con todo, hay que hacer el pequeño y placentero esfuerzo, a contracorriente.
Muchísima gente ya lo hace, en mayor o menor medida. Somos tod=s lxs niñxs que no escribíamos sobre el tema que nos exigieron sino sobre lo que no salió del alma. Incluso a veces molestándonos en disimularlo.

Mi vecino, que apuesto a que no era de esxs, va por la calle sin ver, y esto es muy cierto, él sólo mira. Porque tiene unas cuantas cosas en la cabeza que le guían aquí y allá, como un cochecito del scalextric recorriendo raíles que hacen monótonas incluso sus percepciones y sensaciones más básicas, a las que debería escuchar con atención antes de perderlas irreversiblemente.
Cuando le veo andar apresurado me sorprende que no se abra la cabeza contra alguna señal de tráfico, pero si giro la mirada veo a lxs vecin=s de otras personas haciendo más o menos lo mismo y parece un baile acompasado de expresiones infelices con rutas predeterminadas.
Y así, la calle me empezó a parecer gradualmente un circuito de scalextric para personas con motorcitos de miedo e incertidumbre. Con sus paradas, sus intersecciones, y sus vueltas infinitas al mismo recorrido.
Pero en el fondo era una visión poco respetuosa del mundo. El mundo comprende mucho más que las personas y su absurdo vaivén. Caí en la cuenta de que era imposible que toda esa gente decidiera un buen día convertir sus vidas en rutinarias y timoratas por voluntad propia, máxime cuando habitaban un planeta tan indescriptiblemente lleno de posibilidades. Así que todo aquel circuito imbécil había sido construido entre hábiles y mezquinas tretas. Por lo tanto, entiendo que las calles no son las calles del mundo real, sino el escenario dispuesto para someter a raíles la voluntad de todxs, porque aquí muy pocxs escapan.
Podría sentir bastante rabia y de hecho a veces no consigo evitarlo, pero al cabo de un rato terminan por imponerse la curiosidad y la admiración, y me pregunto fervientemente, ¡¿qué habrá debajo?!
Entonces observo la calle y la desmantelo. Arranco de cuajo los edificios, los coches desaparecen y el asfalto se evapora y me parece ver el mundo, el mundo sin raíles ni escenarios nefandos.
Es tan simple como burlarse de la realidad, pero aún así requiere de cierto entrenamiento. Porque la realidad y sus parámetros nos los han encasquetado a conciencia en la conciencia.
Pero en fin, yo soy dueño de la misma y si quiero la distorsiono.
Empleo mi mirada para obviar lo artificial y accesorio. Desnudo las calles, las plazas y las avenidas con el respeto y el tacto con que se acaricia con los ojos a una amante,  con los que observas las virtudes invisibles que te hacen amarla.
Mi vecino ve la calle del sopor número 3, yo veo el sendero que recorrerían cuatro asnos en busca de alimento hace mil años y la postura orgullosa de los árboles que se nutren de mi mundo debajo del mar de asfalto, con sus copas más pendientes del cielo azul que de la estupidez de lxs transeúntes. El corre por el parquin en busca de su coche, yo corro por el campo florido que aún perdura bajo el parquin si sabes verlo, y no levanto nunca la vista para ver los edificios sino las nubes o las montañas que no consiguen tapar.
Dicen que me quedo abstraído o “empanado”, y yo creo que más se abstraen ellxs, resignándose a seguir raíles.  
La verdad es que disfruto como un niño viendo mi mundo libre de corazas, platós, complementos, suciedad y entornos prefabricados.
Disfruto como un niño deformando la plastilina a placer, así que no deben haber conseguido atemorizarme lo suficiente aún.