domingo, 13 de enero de 2013

Deconstruye


Estuve allí cuando todo pasó. Yo vi el cielo nublarse de un modo abrumador y traer consigo la penumbra y la quietud, una especie de sosiego que nada tenía que ver con todo el vértigo pausado que sobrevendría después.
Estuve allí sin saber lo que iba a suceder y tan pronto como empezaron a caer cuatro gotas de lluvia en medio del silencio, todxs nos estremecimos y todo se desvaneció.

Todas las cosas se esfumaron, todas. Y de todas las maneras. No quisimos entender nada, ni yo ni ningunx de nosotrxs, sólo lo contemplamos todo con la quietud solemne que embargó la vida durante ese rato.

Era extraño ver como se desmantelaban las cosas. Vimos separarse las tejas de las casas una a una, vimos como desaparecían gradualmente. El metal se hacia líquido y formaba grandes chorros en el suelo que se disolvían entre el agua que el cielo nos regalaba para limpiarlo todo. Los surtidores de gasolina se desvanecían, los coches, despiezados, volaban unos metros y dejaban de existir; y lo mismo sucedía con todo lo demás. El mundo se sostenía en el aire, sin que las fuerzas gravitatorias se esmerasen en llevar la contraria al destino, para luego desaparecer. Y era todo un espectáculo, a veces uno no se da cuenta de la enorme cantidad de cosas que le rodean.

Volaban las chinchetas, los billetes y los bolígrafos. Los teléfonos móviles, las carteras, las perchas y los vasos. Los ordenadores, la mesas, las armas y las macetas. Todo se desintegraba, se desvanecía, se diluía o esfumaba, de un modo u otro, todo desapareció. Ya no había nada.

Tras la cortina de agua ya solo se veían los colores de verdad, los de la vida, ningún sucedáneo accesorio. Se distinguían los bosques y la montañas contrastando con aquel cielo ennegrecido. Descubrimos sonrientes que había paisaje tras los edificios y había suelo bajo el asfalto.

Atonitxs, pero sintiendo más paz que miedo, quedamos todos los seres vivos.
Sin entender nada y aún sin pretender entenderlo, intentando no movernos por si algo nos hacia desintegrarnos a nosotrxs también, allí estábamos, en pie, las ardillas, las vacas, las ratas, los búhos, todos. Naturalmente, también las personas humanas.

Fueron apenas unos minutos de confusión, minutos efímeros en comparación a la espera seglar que había soportado nuestra Madre. Y tras toda esa paz empapada y silenciosa, las personas empezaron a sentir aquel extraño hormigueo a su alrededor y súbitamente se vieron rodeadas por la desintegración; sus ropas empezaban a desvanecerse también.

Algunxs chillaban por puro instinto de supervivencia, con la angustia de no saber si luego serían sus cuerpos los volátiles, mientras todos sus trapos y complementos se elevaban huyendo.
Otrxs, ajenxs a la magnitud de lo que sucedía, intentaban ridículamente ocultar su desnudez con las manos. Anillos, collares, gorras y pantalones, todo sobraba.

Así que en muy corto espacio de tiempo, allí seguíamos todxs, pero ahora desnudxs. A los linces y las urracas no pareció importarles demasiado este ultimo giro, pero a muchxs humanxs aún les provocaba sensaciones que a la postre comprenderían como necias.

Tras toda aquella confusión, continuó la paz de quien asiste a eventos tan grandiosos que le hacen sentir muy pequeño. Y tras esa paz, el miedo.

Un miedo escalofriante que no venía de ninguna amenaza externa, porque ya nada más sucedió, sino del peor sitio posible, de las profundidades de cada ser.

La contemplación de toda esa desnudez y silencio pareció obligar a las personas a mirar dentro, pues fuera todo lo que les distraía había desaparecido, y aquel horror duró horas. Recuerdo como nos desplomamos la mayoría, pálidxs y con el pelo chorreando. Caíamos de rodillas y nos cuestionábamos todos los niveles, los generales y los individuales. En que habíamos convertido nuestra casa y cuanto odio habíamos sentido por seguir unas normas que siempre fueron antinaturales.
El llanto era casi unísono, y una vez más, los animales nos miraban quietos, aunque su quietud también nos delataba y solo nos hacía experimentar la miseria de un modo más acuciante. Lagrimas, temblores y lamentos desgarradores que terminaron por sucumbir cuando hubimos comprendido.


Y cuando hubimos comprendido, todo eso que nos consumía por dentro, también dejó de ser. Las penas se hicieron lágrimas, las culpas gritos de muchos decibelios, y terminaron esfumándose junto con los plásticos y los metales. Con la única salvedad de que esta vez la autoría de tal desintegración era nuestra y sólo nuestra.

De nuevo vivimos intensos instantes de paz y esta vez, nos sentimos bien y no creímos necesario aguardar expectantes que sucedería luego, ya no importaba. Esta vez, los animales se acercaron sin miedo al vernos, y nosotrxs tampoco tuvimos miedo de ellos. Ya no éramos una amenaza mutua.

Desde los nuevos niveles de limpieza interior y conocimiento de las emociones, llegamos a entenderlos. A entender lo que sentían, pues aunque desconociéramos las bases de su lenguaje, sentíamos exactamente lo mismo.

Así, las ardillas me hicieron saber que ahora sobrevivirían los más fuertes. Y a punto estuve de entristecerme. Pero me hicieron entender algo muy simple. Morirían algunxs hasta adaptarse, pero ya no morirían millones por la guerra, el hambre, la avaricia, la frustración, el frío o la pesada tristeza que creaba la soledad. Morirían algunxs como moriremos todxs, como siempre hemos muerto todxs, pero de un modo mucho más digno y natural. A fin de cuentas, la muerte no es nada que deba temerse, aunque es algo que no entenderíamos hasta mucho después.

Ya sólo nos quedaban ganas de abrazarnos, y eso hicimos. Y algunxs empezaron a planear refugios y viviendas y pronto todos tenían objetivos comunes y nadie sentía la necia necesidad de poseer la vivienda más grande, porque todos éramos la misma cosa.

Apenas pude disfrutar de esa extraña felicidad que siempre supe que nos aguardaba, de la sensación espiritual de saber que todo se ha resuelto, porque algo me despertó, y se esfumaron los abrazos con los alces, los planes conjuntos, la preciosa desnudez de todos los cuerpos distintos y no por ello “defectuosos” y la alegría de quienes antaño se sintieron repudiadxs o inferiores y ahora eran uno más del uno que éramos.

Como los coches y los miedos, también todo eso se esfumo para mí y me quede sentado, solo en la cama intentando discernir lo que es un sueño y lo que no. Porque desde luego, sí quedó algo tras todo eso, quedó la paz. La misma paz que me embargaba y me hacía reflexionar sosegadamente.

Si el sistema es odio y destrucción, luego yo soy el sistema cuando lo odio hasta querer destruirlo. Sólo necesitaba obviar las distracciones superfluas y buscar dentro. ¡Que fácil era!

domingo, 18 de noviembre de 2012

Cerbero, desertor con causa.


Cuando uno decide tumbarse a la bartola a explayarse en el asueto, merecidamente o no, lo último que desea es que vengan a hincharle las narices.

Y con éste noble afan de entregarse a no hacer nada de nada, se había refugiado Pandoro en su cueva. ¿Porqué? Porque fuera de ella sentía asco de lo mal que estaba el patio. Había decidido salir ya única y exclusivamente para ir hasta su lugar de trabajo; lugar que también le asqueaba sobremanera, pero que le permitía mantener y sustentar su guarida cómoda y protectora.

Había sufrido experiencias indecibles y presenciado la aberración social llevada al límite ahí fuera, y por esta razón, un buen día díjose basta. Apagó el teléfono, desconectó el timbre y se repantingó en su sofá dispuesto a gozar del sosiego más improductivo.

Tranquilo estaba él, inundando su fuero interno con profundas reflexiones sobre la naturaleza del cacahuete, cuando alguien irrumpió en aquel sopor aporreando con brío la fuerza.

Resopló, maldijo entre dientes y fue a abrir. Él no salía a molestar a nadie, había renunciado a la interacción con el prójimo, ¿porqué demonios irían a molestarle a él? Le producía cierta urticaria esta injusticia que él consideraba capital.

Al abrir la puerta, se encontró con un tipo pintoresco. Se identificó como un emisario de Azamon, o ago así. Al parecer buscaban reclutar nuevos empleados pues la venta online era un infinito tragín frenético que siempre exigía de recursos humanos frescos. Pandoro preguntó que porque no mantenían simplemente los empleados que ya tenían y así se ahorraban la molestia de picar puertas y en especial le ahorraban a él la molestia de tener que levantarse a verle la puta cara a su interlocutor. La respuesta fue una retahíla de balbuceos entre los que apenas pudo distinguir conceptos tales como “mortadelosis”, “campo de refugiados Seepark”, “autobuses patinando”, y otros tantos términos completamente confusos. Pandoro se hastió y mirando fijamente a los ojos del papanatas, juró que si se le ocurría volver a molestarle le daría de puñetazos hasta cansarse. El panoli titubeó y Pandoro le espetó un portazo.

Pandoro estaba demasiado quemado. Estas cosas le afectaban, que él sólo quería paz, y entre sudores fríos y ciertas arritmias, volvió hasta su sofá.

Necesitó veinte minutos para recuperar la relajación que anhelaba y al vigésimo primer minuto, oyó como aporreaban su puerta. Pandoro rugió la blasfemia más grande jamás pronunciada por el ser humano, y la educación que le habían dado, esa maldita educación contra la que no podía luchar, le obligó a levantarse. Otra vez.

Llegó a la puerta con las mandibulas y los brazos adoloridos de apretar dientes y puños, y al abrir vio ante sí a la muerte.

-¿¿Qué cojones??...
La dama de negro se lo quedo mirando perpleja y él miró perplejo a la dama de negro.
- Mira, ¿¿sabes que?? prefiero que me lleves a seguir vivo para que me sigan manoseando las gónadas, hala, vámonos.
Pero la implacable se limitó a contestar: -¿Es que no vive aquí Hermenegilda, viuda, 81 años? Si tengo esta direccion...-
- Vive en aquella puerta, so imbecil, maldita sea-, contesto Pandoro.
- Ah vale, perdona eh... ya volveré otro día.-

Poca capacidad de reacción tuvo Pandoro tras cerrar la puerta. Se sintió a merced de los brincos y cabriolas de su sistema nervioso, y entre espasmos, algunos de ellos dolorosos, y los tics espontáneos de su ojo derecho, que parecía pedir auxilio a la desesperada en código morse, se desplazó hasta el sofá, el puto sofá, una vez más.

Le costó algo más recuperar la estabilidad en esta ocasión. Estuvo sesenta minutos maldiciendo el mecanismo social infundado que le impedía simplemente ignorar la puerta, y tras respirar profundamente trescientas veinte veces, los espasmos se fueron apaciguando. Aunque ya nunca jamás le abandonaría un eventual guiño de ojo derecho, siempre esporádico e involuntario.
Ya no podía reflexionar sobre la extravagante estética del esturión lombardo, pero aunque sólo pudiese pensar en lo asqueroso de la especie humana, al menos podía tumbarse a pensar en algo en soledad y paz, al fin.

Volvieron a aporrear la puerta. Pandoro sintió entonces que le faltaba el aire, como un pez al que arrancan con violencia del abrazo del agua. Dudó, por primera vez en su vida, dudó, pero que va, su educación fue muy eficiente y no pudo resistirlo. Fue a abrir cagándose en la puta madre de todo ser viviente.
Ahí estaban, dos testigos de Jehová plomizos de esos que no despegas ni con agua caliente. Le traían tiras cómicas de portadas espectaculares, con leones y corderitos abrazándose y leprosos bailando breakdance felices. No se molestaron ni en saludar y ya habían dado rienda suelta a su verborrea. Sometieron a Pandoro a un severo correctivo compuesto por un sinfín de dogmas, aforismos, contradicciones místicas, promesas de cosquilleos póstumos y axiomas sacrosantos, pero Pandoro no estaba ahí.
Aunque su cuerpo estuviera enfrente, su mirada ida evidenciaba que su mente estaba ausente. Su cerebro, en pos de proporcionarle una realidad mejor, le había llevado a revivir los episodios más traumáticos de su infancia y adolescencia, la mayoría de los cuales no había podido superar aún. Estas retrospectivas hicieron asomar una lagrimilla en su ojo derecho, el del tic crónico. Los testigos, emocionados, lo asumieron como una muestra de la enorme contundencia de sus verdades y su efecto sobre el espíritu y le cogieron la mano al hombre ausente, para hacerle firmar documentos como si de un maniquí de tratase. Esto hizo reaccionar al bueno de Pandoro: -“Pero vosotros... ¿cotizáis en bolsa no?”-
Ellos se miraron entre sí, sin saber muy bien que responder. Un momento de estupefacción que aprovechó Pandoro para berrear: -“Pues a tomar por culo, fariseos...”- Les pateó el culo, rodaron por las escaleras y cerró una vez más la puertecita infernal.

Fue cerrarla y cayó allí mismo. Se vio superado por un histórico ataque de ansiedad histérico, que aún se estudia en las universidades y salas de tortura hoy en día. De no ser porque estos ataques no son mortales, habria muerto siete veces, y desde luego la agonía que vivió fue pocas veces experimentada antes en éste planeta. Cinco horas de tormento hasta que su cuerpo sintió compasión y le hizo perder la conciencia.



Le despertó la puerta. Alguien llamaba.



Él , tras levantarse como pudo y babeando, abrió automáticamente, como siempre, pero ya no era él. Al otro lado de la puerta había un hombre desgreñado y ataviado con un traje gris. Un tal Mingo, que representaba a “Sanlu”.
- “Verá es que hemos estado prospectando a saco en la zona y tal, pero aún no habíamos podido hablar con usted...”- y así prosiguió, con una labia impecable mientras Pandoro pensaba si ir a por un cuchillo. -”¿¿Que si tengo seguro de salud?? Mi respuesta es: ¿¿es que no puede uno ya ni perder la conciencia sin que vengan a sodomizar su alma y su paciencia??-
Dio el ultimo portazo que pudo dar aquel dia, su único día de descanso en meses pues en su curro le explotaban, y se arrastró llorando, literalmente, hasta el sofá. Allí le dieron quince soplos consecutivos al corazón y volvió a perder el sentido, desfilando por la delgada linea que divide los mundos.


Despertó en un hospital de mala muerte y relató su martirio al doctor, un charcutero pluriempleado por ETT. Le explicó que no podía negarse a abrir, pero que no podía soportar más que no le diesen tregua. El “galeno”, por llamar de algun modo al carnicero de las SS, le dijo que alguna manera de complicarse a si mismo para abrir la puerta debía existir. Así, tras quedarse en babia cavilando sobre el cacahuete y el esturión, secuelas cognitivas de lo acaecido, Pandoro dedicó unos minutos a reflexionar sobre las palabras del doctor y dio con una solución.

Al día siguiente se instaló una cadenita especial en la puerta, mascullando un juramento solemne: “Por mi alma inmortal que os aburrís y largáis antes de que haya abierto, ahorrándome veros el careto, y eso suponiendo que venza la pereza de enfrentarme a éste laberinto cada vez. Pero como consiga abrir y aun estés ahí, seas quien seas, juro que vacio tu propio instentino grueso en tu bocaza de estólido.”


Por eso yo que conozco la desgracia de Pandoro, me pongo nervioso cada vez que alguien tarda un poco en abrirme la puerta. No es que sea impaciente joder, sólo velo por la integridad de mi intestino, que os gusta mucho criticar.







lunes, 10 de septiembre de 2012

Un día en las carreras.

¡Señoras y señores!

¡Sean todos bienvenidos a la que promete ser una jornada apasionante, como pocas se recuerdan en nuestro querido y siempre trepidante mundo de la velocidad!

La mañana es inusitadamente cálida para ser el mes de marzo, ¡y el bullicio y el alboroto que se viven a pie de pista son ensordecedores! No en vano nuestros ilustres competidores han estado preparándose a conciencia en la bolsa térmica del Tegut que da origen a este premio que pronto será legendario! Sean todos pues bienvenidos, al primer GP “lebensmittelverdorbendurchunzureichendekühlungkarriereufmoketgrau”celebrado en el céntrico hotel Am Klausturm de Bad Hersfeld.

Entre los avezados participantes de este premio sin parangón, figuran nombres de tanta reputación como: los tomates (nunca creyeron que fueran a convertirse en algo tan BIO), el queso Emmental, el salchichón o por supuesto, el gran favorito para todos los aficionados y también según las casas de apuestas: ¡el queso danés!

La tensión se podría cortar con un cuchillo en la parrilla de salida, y a la voz de ya, determinada por el portazo que pega la desidiosa mujer del servicio de la limpieza al salir, ¡dará comienzo la estrepitosa carrera!

Entra la señora, observa a su alrededor; no se inmuta. Un segundo... acaba de dejar una bolsa de basura sobre la mesa, y sí, con esto ha concluido su labor diaria; ¡así pues se acerca el gran momento por todos ansiado!

La señora cierra la puerta tras de si y en un santiamén, ¡arrancan a correr todos nuestros temerarios pilotos!

¡Sus caras de concentración demuestran el ahínco conque afrontan esta severa prueba! ¡Muy pronto la habitación pasa a ser una sucesión continua de encontronazos, aceleraciones no aptas para cardíacos y derrapes!

Tras las primeras veinte vueltas, el queso danés ha logrado una ventaja considerable con respecto a sus contrincantes y parece dispuesto a elaborar una estrategia basada en la conservación, sin asumir demasiados riesgos, aunque los tomates se estén dejando la piel en alcanzarle.

¡Un momento! ¡Al parecer ha acontecido una tragedia! ¡El colchón, ávido de competición y velocidad, ha saltado para unirse a la carrera! Pero no cabe en el precario circuito que es durante esta jornada la habitación... ¡y el accidente que ha provocado ha sido mayúsculo! ¡Los tomates han chocado de lleno, viéndose obligados a retirarse de la competición, y varios de los demás pilotos se han visto obligados a detenerse para evitar aumentar el colapso!

¡Mas no nuestro héroe! ¡El queso danés, gracias a sus extraordinarias cualidades atléticas, ha conseguido sortear de un salto el enorme obstáculo!

Parece que ha sido la gota que ha colmado el vaso para él, su paciencia raya sus lindes... entre blasfemias, imprecaciones y juramentos soberbios se ha ido por la ventana en busca de nuevos desafíos que le supongan una mayor exigencia.
Sólo el tiempo nos revelará el destino de nuestro intrépido aventurero.

Mientras tanto que recojan Ferran y Eli el estropicio, que el personal de limpieza con presentar sus condolencias tiene más que suficiente.

Y con esta esperanzadora declaración de independencia concluye, de manera un tanto accidentada y antes de lo deseado, la jornada. Los alimentos deben ahora recuperarse, volver a entrenarse y volver a fermentar para poder dar lo mejor de si en la próxima ocasión...

¡Así pues, hasta entonces señoras y señores! ¡Muchas gracias por su atención!






jueves, 6 de octubre de 2011

Pla de màrqueting RECASA. Tunegem ta carcasa!

El vertiginós ritme de vida modern, genera constantment noves necessitats en sectors que s’han d adaptar a les exigències del nou transcurs del temps.
A partir d’aquesta premissa, a RECASA (Recanvis Eficients per a Cossos Atrofiats S.A.) hem decidit fer una incursió en el prometedor món de la biogenètica i les infinites possibilitats que ofereix.

La nostra empresa, afiliada a les més prestigioses indústries del camp de la enginyeria biogenètica crearà tot tipus de “recanvis” naturals per a persones que hagin vist malmesos els seus organismes degut a la seva activitat professional o simplement a circumstancies fortuïtes impossibles de preveure. Parlem d’extremitats fetes a mida i creades a partir dels propis gens de la persona que vulgui gaudir dels nostres serveis.

Això obre un ventall de possibilitats molt extens, ja que garanteix una segona oportunitat a molta gent que de no ser per la nostra oferta  hauria hagut de resignar-se o conformar-se amb alternatives no tan generoses.

Les perspectives de negoci i rendibilitat son immediates ja que és una solució pràctica i innovadora per a un problema que desgraciadament es repeteix per moments a tot el món.

Quan ja haguem conquerit aquest espai,com a objectiu de mig termini començarem una segona fase d’actuació que consistirà en oferir extremitats amb prestacions extraordinàries triades personalment per cada client, adaptades així als seus desitjos.

Fins i tot cap la possibilitat de millorar els cossos de la nostra clientela sense necessitat de que hagi patit cap accident prèviament, només per la seva voluntat d’aprofitar les opcions que ofereix el progrés científic per a potenciar exponencialment els seus organismes. Per a aquest últim punt, però, calen un seguit d’estudis, permisos i altres entrebancs complexos de resoldre. És per tant un objectiu a llarg termini.


MERCAT

La nostra primera oferta serà adreçada als exercits. La indústria militar és una forta inversionista i el fet de poder reconvertir les seves baixes, fins i tot al ser parcials, en membres de les seves tropes que es reincorporen amb absoluta normalitat al seu càrrec, els hi genera tot un ventall de noves perspectives, en termes estratègics, econòmics, etc.

És cert que els països més poderosos poden accedir a desenvolupar la seva pròpia versió del nostre producte, però encara podem negociar per a participar dels seus projectes, així com oferir versions més rudimentàries per a exercits també necessitats però amb menys recursos.

Per altra banda, hi ha tot un reguitzell de sectors de la societat que de seguida mostraran un gran interès, com ara tots aquells professionals que conviuen amb el risc ja sigui amb una exposició constant i greu (bombers, policies, etc) o a menor escala (com ara els fusters).

La nostra intenció és pactar convenis específics amb cadascun d’aquests col·lectius, però tot i així adreçar-nos de manera directa als hospitals perquè en condició de comissionista ofereixi el nostre servei a tota persona accidentada. D’aquesta manera ens assegurarem la clientela directa a partir dels col·lectius, mentre que ens obrim indirectament la porta a tot tipus d’individualitats.

L’estat del mercat actual, un cop realitzats els estudis sobre els possibles entrebancs morals i legals i l’adaptació social i legislativa als mateixos, i analitzades a fons les estadístiques sobre accidentalitat a múltiples àmbits del món modern, és immillorable.


COMPETÈNCIA

A hores d’ara ningú al món ofereix un servei com el nostre, és un producte únic a la seva espècie. Si bé hem d ‘admetre que encara que sigui viable, tindrà una acceptació bastant difícil per part d’alguns col·lectius, com ara les institucions religioses o altres col·lectius de forta càrrega ètica i moral. Aquests serien els nostres detractors i farien el possible per impossibilitar la nostra tasca.

El que podríem considerar competència directa és únicament el seguit d’alternatives, tot i que molt inferiors a la nostra proposta, que es dóna als nostres clients potencials.

Parlem per exemple del sector de la robòtica, que ha experimentat als últims anys una forta expansió en l’àmbit de les extremitats biòniques. Però aquestes són bastant cares i en termes de percepció, totalment antinaturals.

Les empreses dedicades a la fabricació de pròtesis també ofereixen una alternativa al nostre servei, però en termes de qualitat no tenen ni de lluny les nostres prestacions, i la sola idea de que puguin tornar a algú el seu braç tal i com era abans d’aquell tràgic fa que qualsevol “braç” artificial, ja sigui de fusta o de titani, sembli immediatament obsolet.

 PREU

Si bé la nostra oferta partirà d’un preu baix per als grans clients, com ara els exercits, el preu de sortida per als individus interessats en recuperar parts del seu cos serà bastant elevat.

Als exercits, i de forma més reduïda als col·lectius en risc, els oferirem preus tancats per a tot un any, de manera que funcionem pràcticament com a companya asseguradora dels seus cossos. Això ens permetrà oferir preus bastant raonables considerant el servei extraordinari que oferim.

En canvi per als individus que vulguin els nostres serveis de manera puntual, cobrarem en funció de la urgència amb la que vulguin veure el seu cos tornar a la seva forma original, en funció de quantes parts del seu cos haurem de crear i substituir i altres variables.

Més endavant, quan comencem a endinsar-nos en el mercat de les creacions personalitzades amb millores i sense necessitat d’accident previ, augmentarem sensiblement els preus d’aquest servei especial i reduirem a una tarifa mínima i amb poc marge de benefici el nostre servei estàndard. Considerem que a aquestes alçades ja tindrem amb tota probabilitat l’exclusivitat del nostre servei i un volum de negoci prou ostentós com per permetre’ns ésser accessibles per a tota la població.

Segons els primers càlculs els preus que oferirem són els següents:
- Tarifa anual (per a exèrcits i altres possibles grans consumidors): 20 000 000 €
- Tarifa temporal (per a grans consumidors amb necessitats esporàdiques): 4 000 000 €/mes
- Tarifa per a col·lectius no bèl·lics en risc: 300 000 €/mes

- Tarifa per substitució d’extremitat estàndard:  1 peça : 100 000 €
                                                                                      2 peces: 150 000 €
-Tarifa per substitució d’extremitat millorada:  1 peça : 200 000 €
                                                                                    2 peces: 300 000 €

Per a oferir preus sobre peces de petita mida, com ara dits o orelles, avaluarem cada cas detalladament.


DISTRIBUCIÓ.


El nostre servei originàriament serà creat a laboratoris d’empreses associades i “instal·lat” a clíniques d’empreses associades.
Més endavant, un cop assolits els primers objectius, crearem les nostres pròpies instal·lacions (les primeres prop de bases militars i hospitals) i un cop conquerida aquesta fita crearem instal·lacions mòbils que emprarem per acompanyar els exèrcits allà on hi hagi guerra. Això està exclòs de risc ja que oferirem el servei a tots dos bàndols, que en realitat solen ser el mateix. Només participarem del seu negoci de la guerra d’una altra manera.

 PROMOCIÓ.

A la primera fase, la d’establir-nos com a part activa de la indústria armamentística no realitzarem cap mena de publicitat, sinó que ens adreçarem a ells per a negociar directament.

Un cop superada aquesta etapa inicial decisiva, ens donarem a conèixer al gran públic mitjançant pocs anuncis però molt demagògics. Gent somrient que torna a fer una vida normal amb música tendra de fons i altres situacions que ens mostrin com una companya amable i esperançadora, són suficients amb el recolzament dels mitjans com per a implantar un posicionament favorable a nosaltres. Tampoc podem oblidar que formarem part del negoci de l’armament, que és el més poderós del món propagandística i econòmicament parlant, i que l’exèrcit i fins i tot els telediaris ens ajudaran a semblar uns autèntics salvadors.

Els hospitals també ens donaran a conèixer a tota persona accidentada a canvi d’una petita comissió i per suposat comptem amb el boca-orella, que sigui positiva o negativament, ens farà omnipresents a tots els nivells de la societat.
En última instància, i per suavitzar la mala imatge que puguin difondre sobre nosaltres els nostres detractors, crearem una “fundació benèfica” que s’encarregarà de operar gratuïtament nens de fins a 15 anys o veterans de guerra, amb la excel·lent publicitat que això comporta, considerant que els ingressos en donatius i subvencions superaran amb escreix la inversió realitzada en aquesta tasca.


PREVISIONS DE VENDES

Un cop hem establert els primers contactes amb els empresaris de la guerra i els seus delegats els governs, hem aconseguit pactes amb el 80% dels exèrcits del món, que en realitat estan directa o indirectament a mans de un grup molt reduït de persones, amb les que, òbviament, ens hem associat.

Aquests mateixos magnats també posicionaran els seus governs i mitjans de comunicació en línea amb els nostres interessos.

Donat que la inversió més important, la referent a investigació i desenvolupament, ja va ser realitzada durant anys, ara només cal realitzar petites aportacions per a la creació de peces orgàniques que en cap cas supera l’amplíssim marge de benefici que ens ofereixen.

Per tant, un cop garantits els objectius gràcies a la cooperació militar al llarg dels primers anys, que de fet ja ens han garantit una mitja de 30 guerres anuals durant el pròxim quinquenni, les vendes ens reportaran ben aviat uns beneficis monstruosos, tant en quant al servei directe com a la venda d’accions de la companyia.







   Dos operaris de RECASA en la recerca de cèl·lules mare.

domingo, 16 de enero de 2011

Dulce demencia.


Oh dulce demencia/ mi corazón arde por ti/ no me desesperes/ ven desnuda a mí con tus alas de mil cueros arrancados/ aquí donde el placer encadena profundos secretos/ en los chorros tras la oscuridad.

Bajo lunas llenas/ de líricas enceradas/ la poesía de lxs muertxs anega el alma/ cual semilla escarchada de los demonios liberados/ maldiciendo con vértigo las estrellas.
Y en su danza, en trance, he apreciado/ separarse ampliamente, manchados, muslos obsidianos.
Portales himeneos a los lados oscuros/ un vistazo a las ruinas en las que la demencia yace.

Oh dulce demencia…

Embrujado por sus presagios/ una honda obsesión en mi mente/ con el mundo hundido bajo mis pies/ entre arboledas de altos cedros y sublimes tumbas para egoístas.
Descansando toda su importancia/ en alas de mármol que se propagan en los cielos/ sobre un valle de sueños que pareciera/ que la luz del día lucha por dejar atrás.

Estas visiones me golpean como el sexo furioso/ clavando labios húmedos en las frías paredes/ destellos de lujuria entre las cenizas/ salpicados sobre mi palio psíquico/ cuando lxs amantes híbridos alcanzaron su clímax/ con su estocada final/ pues yo todo lo veo/ sin que me vean a mí.

Prohibida demencia/ en la eterna fábula de Judecca/ un santuario para el pecado… / para el paraíso rival/ pero no para los trágicos naufragios del edén.
Pequeñas misericordias observando las bóvedas/ de edificios ya demacrados y derruidos/ en medio de las nieblas que alumbran tus dedos.
Desde donde las más terribles sombras/ se dibujan otra vez en los pernos oxidados/ y hasta se atreven con los bellos umbrales/ que el sol mordaz se arrodilla a besar.

Espejismos del anochecer entre tu crueldad que es la fantasía/ que lxs hijxs de Dios jamás perdonarán/ pues no habrían de vivir este tipo de tormento.

Yo, hipnotizado, no emergí de los sepulcros/ con sus valses sibilantes/ a través de la penumbra creciente/ sino del flujo de la luna floreciente/ dejando al descubierto un rostro borrado/ vejado desde el útero.

En la demencia escondida/ se extienden vuestras mentiras ególatras/ santificando y bendiciendo el repulsivo pecado.

Orificios demacrados y derruidos/ en miedos de la niebla que alumbran mis dedos/ y observo sin revolverme/ vuestras asquerosas carnalidades/ que pocas bestias consentirían.

Entre la loba y el perro/ se relacionan mostrando los colmillos/ un rito nocturno de coños y fauces/ que observa altivo quien aguarda para cazar.

Fueron esos mil suspiros que me apresarán durante siglos/ los que entre la bruma de láudano/ todos pinté.

La extensa tribu de Set/ con la sangre de mis venas esclavas dibujé/ para abrazar a la muerte en paz conmigo.

Grotescas bestias en piel de mujer y hombre/ de las que el cuervo huyó sin extremidades/ hacia el suicidio entre los muslos separados y humillados de los serafines.

Mediante escaleras de mármol/ gusanos osan/ ascender como si fuesen almas elevadas.
Y en su danza, en trance, he observado/ separarse ampliamente, manchados, muslos obsidianos.
Portales himeneos a los lados oscuros/ observando helado el puto laberinto donde la demencia se esconde.

Oh dulce demencia…

Sé lo que he visto…/ en los espejos opacos de la cordura/ en el último retiro del orgullo emérito/ almas monstruosas disfrazadas de lascivia/ que me atan los sueños con correas, con gran peligro
Al igual que las sombrías profecías de ascensión/ la venganza de la vida será cavada profundamente/ una trama espeluznante que se leerá/ en mi blanca paz, sucia tras salpicarse con vuestros gritos/ cuando el pánico infantil abandone su bruma y se dirija a mí.

Adelante, atrévete, ¡ven a por mí!

Exhumando la luna/ entre los barrotes de mi cuarto/ cuanto antes las amargas píldoras trago/ pero no hay Afrodita ni demonios que den lugar a mis demandas para ti.

¡No!, ¡no!, ¡no!, ¡no!, ¡no!/ no me dejéis en esta celda llena de tormentas/ ¡No!, ¡no!, ¡no! Con promesas hirientes/ con cadáveres sonrientes/ nuestro destino es la antesala del infierno del abandono.

¡Oh dulce demencia!






domingo, 28 de noviembre de 2010

Senderos en cueros


Cuando nos daban plastilina en edades preescolares, intentaban echar un cable a nuestro sistema psicomotriz, a preparar nuestros sentidos para las texturas y mil aspectos racionales más. Pero algunxs no nos centrábamos precisamente en eso. Algunxs de nosotrxs, por más que entrenáramos nuestros cuerpos según lo previsto y sin ser conscientes, aprovechábamos para centrarnos en lo realmente importante. ¿Quién iba a saber mejor que nosotrxs mism=s qué era lo que importaba? Nos centrábamos en usar la plastilina para dar forma a los infinitos pozos imaginativos de nuestro mundo interior. Hacíamos trenes que llegaban a la luna y elefantes malabaristas con nariz de payaso, y las limitaciones de los adultos les impedían entenderlo y teníamos que tener paciencia y explicárselo. Pero lo hacíamos contentxs en el fondo, porque nos gustaba compartir nuestro mundo.

Parece que aquello no les disgustaba, pues estábamos en una edad idiota y que íbamos a saber nosotrxs. Eso sí, con el tiempo, su actitud se fue rigidizando y nos fueron reduciendo el margen que teníamos para escoger si queríamos esquematizar nuestros cerebros racionales o si preferíamos alimentar a bandazos pasionales la magnificencia de nuestro mundo interior.
No es necesario explicar el resultado de estos dilemas. Tras una dolorosa y cauterizante sucesión de castigos, amenazas, marginaciones, humillaciones, escarnios públicos y todo tipo de coacciones y chantajes, acabamos aceptando la cuadricula del “día de mañana provechoso”, sacrificando así las montañas rusas que “no conducían a nada”.
Ahora ya somos “otro ladrillo en el muro” y no parece que se nos ofrezcan más vías de escape para la frustración que eso nos produce que las de consumir o evadirnos.
Hasta aquí el pesimismo y el necio enfoque del “no hay nada que podamos hacer”.

Cuando veo a mis vecinxs, y a la ciudadanía en general, me resulta imposible no detenerme a observarlos y reflexionar. ¿Por qué regla no escrita preferirán siempre la TV a dibujar lo que llevan dentro? Es divertido dibujar, y gratificante, y además puedes compartirlo o incluso regalarlo a quien mejor te haga sentir. No puedes sin embargo regalar el Gran Hermano o el Sálvame Deluxe, por citar dos formatos de exterminación mental masiva.
Bueno no es fácil plantar cara al miedo constante, el esfuerzo de ver la televisión es el menor de la vida moderna y siempre te mirarán mejor si comentas la programación de la televisión que si das rienda suelta y forma tangible a tus delirios, pues a menos que lo hagas con ánimo de lucro, serás llamadx “bohemix” o “bala perdida”. 
Con todo, hay que hacer el pequeño y placentero esfuerzo, a contracorriente.
Muchísima gente ya lo hace, en mayor o menor medida. Somos tod=s lxs niñxs que no escribíamos sobre el tema que nos exigieron sino sobre lo que no salió del alma. Incluso a veces molestándonos en disimularlo.

Mi vecino, que apuesto a que no era de esxs, va por la calle sin ver, y esto es muy cierto, él sólo mira. Porque tiene unas cuantas cosas en la cabeza que le guían aquí y allá, como un cochecito del scalextric recorriendo raíles que hacen monótonas incluso sus percepciones y sensaciones más básicas, a las que debería escuchar con atención antes de perderlas irreversiblemente.
Cuando le veo andar apresurado me sorprende que no se abra la cabeza contra alguna señal de tráfico, pero si giro la mirada veo a lxs vecin=s de otras personas haciendo más o menos lo mismo y parece un baile acompasado de expresiones infelices con rutas predeterminadas.
Y así, la calle me empezó a parecer gradualmente un circuito de scalextric para personas con motorcitos de miedo e incertidumbre. Con sus paradas, sus intersecciones, y sus vueltas infinitas al mismo recorrido.
Pero en el fondo era una visión poco respetuosa del mundo. El mundo comprende mucho más que las personas y su absurdo vaivén. Caí en la cuenta de que era imposible que toda esa gente decidiera un buen día convertir sus vidas en rutinarias y timoratas por voluntad propia, máxime cuando habitaban un planeta tan indescriptiblemente lleno de posibilidades. Así que todo aquel circuito imbécil había sido construido entre hábiles y mezquinas tretas. Por lo tanto, entiendo que las calles no son las calles del mundo real, sino el escenario dispuesto para someter a raíles la voluntad de todxs, porque aquí muy pocxs escapan.
Podría sentir bastante rabia y de hecho a veces no consigo evitarlo, pero al cabo de un rato terminan por imponerse la curiosidad y la admiración, y me pregunto fervientemente, ¡¿qué habrá debajo?!
Entonces observo la calle y la desmantelo. Arranco de cuajo los edificios, los coches desaparecen y el asfalto se evapora y me parece ver el mundo, el mundo sin raíles ni escenarios nefandos.
Es tan simple como burlarse de la realidad, pero aún así requiere de cierto entrenamiento. Porque la realidad y sus parámetros nos los han encasquetado a conciencia en la conciencia.
Pero en fin, yo soy dueño de la misma y si quiero la distorsiono.
Empleo mi mirada para obviar lo artificial y accesorio. Desnudo las calles, las plazas y las avenidas con el respeto y el tacto con que se acaricia con los ojos a una amante,  con los que observas las virtudes invisibles que te hacen amarla.
Mi vecino ve la calle del sopor número 3, yo veo el sendero que recorrerían cuatro asnos en busca de alimento hace mil años y la postura orgullosa de los árboles que se nutren de mi mundo debajo del mar de asfalto, con sus copas más pendientes del cielo azul que de la estupidez de lxs transeúntes. El corre por el parquin en busca de su coche, yo corro por el campo florido que aún perdura bajo el parquin si sabes verlo, y no levanto nunca la vista para ver los edificios sino las nubes o las montañas que no consiguen tapar.
Dicen que me quedo abstraído o “empanado”, y yo creo que más se abstraen ellxs, resignándose a seguir raíles.  
La verdad es que disfruto como un niño viendo mi mundo libre de corazas, platós, complementos, suciedad y entornos prefabricados.
Disfruto como un niño deformando la plastilina a placer, así que no deben haber conseguido atemorizarme lo suficiente aún.






sábado, 23 de octubre de 2010

L=s autistas de Hamelín


No hace mucho tiempo, en una ciudad llamada Hamelín, típica ciudad occidental con mucho escaparate y poco respeto, sucedió algo que era a todas luces previsible, pero que nadie intentó evitar a tiempo.



La ciudad, cuna del brutal desequilibrio entre clases,  tras acelerar el insostenible ritmo de vida hasta límites diabólicos siempre bajo el pretexto del progreso, terminó por llenarse de cemento y de indigentes.

Los prohombres de la ciudad estaban realmente contrariados, pues dentro de sus planes avaros no entraba el mostrarse condescendientes con ningún tipo de efecto colateral, y aquellas personas no sólo no generaban más riquezas para los prohombres, sino que entorpecían la senda del consumo. Ensuciaban asquerosamente con sus andrajos y sus pieles sucias la imagen de los escaparates que durante tanto tiempo habían dispuesto para mantener dopada a la población productiva.

Por más que los mandamases habían contratado a toda una legión de individuos con severas deficiencias psicosociales y los había uniformado, armado y dotado de poder sobre lxs hamelines=s, estos no podían eliminar indigentes al mismo ritmo al que aparecían.

La situación se les escapaba de las manos, pues no estaban dispuestos a perder un solo céntimo en reinsertar a aquella gente maloliente en el mundo laboral, y proliferaban como setas dado el injusto reparto de riquezas establecido en Hamelín.
Completamente desesperados, decidieron ofrecer la oportunidad de chupar los huesos que ellos desechaban, lo que equivalía a ofrecer cuatro perras para avivar el ingenio popular, a cambio de soluciones prácticas, pues quizás aquella escoria borreguil que maquinalmente engordaba sus arcas le ofrecería algún remedio.
Tras elaborar una campaña mediática a bombo y platillo, que para eso los medios de comunicación eran suyos, consiguieron movilizar a unas cuantas personas, que sobretodo temían acabar en la indigencia también. 
Había propuestas para todos los gustos y muy pintorescas, pero la que más llamó la atención a los “hombres de bien” que gobernaban, dominaban, exprimían y esclavizaban Hamelín, fue la de un extraño que prometía arrastrar a los sin techo fuera de la ciudad con tan sólo tocar su flauta.
Tenía gracia que fuese un músico quien les fuese a convencer. Ellos siempre habían despreciado a esxs librepensador=s recalcitrantes, de hecho, ellos siempre habían despreciado la música y sus efectos positivos sobre la gente, y hasta habían empezado a asesinarla sutilmente, sustituyéndola por pop y bazofias electrónicas sin mensaje ni trasfondo. 
Pero ahora estaban dispuestos a escuchar al estúpido bohemio aquel.
Le exigieron con tono altivo que “limpiase” de organismos parasitarios su gran tienda al día siguiente y ellos a su vez le darían dinero para que lo pudiese gastar en su gran tienda de la farsa social, Hamelín, perpetuando la rueda de la esclavitud consumista.
A la mañana siguiente el flautista se puso manos a la obra.
Salió a la calle, y esquivando al rebaño imbécil y homogeneizado que siempre le hacía sentir como un farillón, sacó la flauta y empezó a entonar una hermosa melodía hipnótica que arrastró tras de si a las ingentes hordas indigentes de un modo tan misterioso como implacable.
La gente asistía extrañada al espectáculo, pues no entendían de hermosas melodías ni comprendían el destino de todxs aquellxs parias que avanzaban incansables tras el personaje de la flauta, pero el poder pronto les puso en pantalla un programa especial sobre las liviandades cometidas por Paquirrín y el desfile de vagabundos pasó al olvido.
Aunque el flautista prometió a los tiranos exterminar a aquellas víctimas del sistema depredador de personas, no las llevó a despeñarse por un barranco sino a un pueblo rural no muy lejano, que la gente había abandonado tiempo atrás en busca de los fuegos de artificio consumistas que ofrecía la gran ciudad. 
Allí lxs indigentes establecieron una colonia basada en la autogestión y el apoyo mutuo que prosperaría feliz y dignamente hasta ser exterminada mediante el uso de napalm por el poder dos lustros después, pero esa es otra historia.
Una vez concluida su labor, el bohemio de la flauta de madera se dirigió a los prohombres con una consigna indubitable entre ceja y ceja, ser justamente remunerado.
Pero las consecuencias de su acción complicaron un poco la retribución de la misma, pues había impulsado el comercio, ya que la gente se sentía mucho más empujada a gastar sin la molesta presencia de lxs sucixs indigentes.
Que ahora hubiera más dinero en circulación, no debería haber sino multiplicado sus emolumentos, pero ya se sabe que en arca de avariento, yace el diablo dentro.
Con las nuevas ganancias, la codicia de los prohombres se había disparado un poquito más si cabe, y su respuesta a la demanda del flautista fue sencilla. En primera instancia se rieron en su cara a carcajada limpia, y luego llamaron a dos vasallos policiales para que le propinasen una paliza legal, por insolente. Además, le pusieron una multa por valor de la lujosa alfombra que su sangre había mancillado en el despacho de los prohombres.
Aquellos burgueses exentos de escrúpulos habían conseguido enojar con su avaricia e ingratitud al flautista, que se debatía entre no rebajarse a su nivel y limitarse a vivir una vida feliz con lxs indigentes en aquel pueblo ahora lleno de vida, o si obedecer a sus impulsos primarios y vengarse.
Al final, sucumbió a sus deseos más viscerales y juró venganza; sembraría su rencor donde más doliera.
Tras reflexionar sobre las posibles vías de las que disponía para apaciguar su sed de venganza, concluyó que bien podría arrebatar a la infancia como hiciera con lxs vagabundxs. Sabía que esto sería asestar una certera puñalada al corazón de la bestia, y no porque lxs niñxs a los mandamases le importaran más que una puta mierda, sino porque representaban el relevo generacional de maquinaria orgánica a la que explotar e inducir a consumir desaforadamente. Así lo decidió, les desposeería de sus futurxs vasall=s.

No habían pasado dos días y la gente volvía a ver al excéntrico flautista, aquel que no vestía “como hay que vestir”, hacer sonar bellas melodías a través de su flauta de madera.
Sin embargo, esta vez caminaba solo, y además con cara de incredulidad.
El flautista se esmeraba, tocaba con la emoción a flor de piel, vertiendo su alma en la flauta, y no obtenía resultado alguno.
Su melodía, compuesta para embrujar y atraer los espíritus infantiles a su vera, resultaba ser completamente estéril. 
Estupefacto, corrió a asomarse por las ventanas, a ver si veía a algún niño y alcanzaba a comprender que demonios estaba sucediendo.
Y así fue como vio en varias ventanas la misma estampa: niñxs con expresión perdida machacando botones, atent=s a pantallas. Habían sido hipnotizadxs por los videojuegos antes que por él, y ahora no había quien les rescatase del letargo, estaban sumid=s irreversiblemente en la dolce far niente mental.
Imaginó como debían disfrutar los prohombres sometiendo a la infancia y sintió más rabia aún, pero no le dio tiempo a expresarla porque la policía, que había sido alertada por un amargado ciudadano ejemplar preocupado por ver arte en las calles, le había reducido y ya le estaba dando de porrazos hasta en la flauta, por haber alterado el orden público.

Todo derivó en su encarcelamiento, difamación y pérdida de derechos y de salud. Ahora yacía encerrado entre barrotes, silbando apáticamente y contando los días para poder largarse al sencillo pueblo habitado por gente de valores que sin querer había fundado a algunos kilómetros de donde se encontraba. Pero ignoraba que nunca le iban a dejar salir, pues su existencia suponía "peligro" para el maquiavélico engranaje social.  








martes, 28 de septiembre de 2010

Las gaviotas eran ingobernables


Sentado bajo la sombra de un naranjo, con una espiga de trigo entre los dientes, y su ahora larga cabellera hecha una maraña llena de inmundicia, reflexionaba sobre las alternativas de las que disponía para ocupar su tiempo en aquel nuevo día que se le presentaba.



Era inútil hacerlo, pues sabía perfectamente de antemano que no gozaba de alternativa alguna que le satisficiese; precisamente por ello se daba a la reflexión constantemente. Por puro aburrimiento. Al decir verdad, él nunca fue una lumbrera.


Y ahora, como un cruel lastre para sus cortas entendederas, a Mariano le asediaba la soledad y solamente le quedaba cuidar de unas ovejas que le proporcionaban sexo, y lo más importante, compañía.


Con todo lo que él había sido.


A menudo le gustaba cerrar los ojos y retroceder en el tiempo, hasta revivir la cúspide de su gloria personal.



Él había luchado mucho, a su manera, por conseguir encumbrarse en la política y de hecho lo consiguió, pero todo lo que sucedió tras aquellas jornadas rebosantes de júbilo y euforia, de narcisismo desmedido, escapó a su control y comprensión.


Él pretendía, muy neciamente, restituir el orden perdido en el país, como si endurecer las normas sociales fuera a devolver a la población los valores perdidos por el vertiginoso avance de la globalización.


Él no pensó que faltara el respeto a pueblo alguno, él sólo quería hacer un homenaje a su lengua y (aunque no alcanzara a pronunciarla debidamente) y sus tradiciones carcas, así que no entendía como imposición el obligar a quienes tenían lengua propia a hablar la suya.
Por desgracia, la gente no era muy partidaria de que la macroeconomía siguiese con su despiadado curso, y de que para colmo le reprimiesen día a día, que bastante tenían con el ahogo económico.
Las únicas personas lo bastante fachas como para soportarle, llegaron a la conclusión de que era insostenible mantener sus negocios corruptos si la población tomaba las de Villadiego o seguía suicidándose masivamente, y procedieron a seguir también sus pasos, los de la huida, que no los del suicidio.
Por motivos como estos se fue todo al traste antes de que él pudiera percatarse.


Y así, bajo la lógica de tan sangrantes circunstancias, se produjo un éxodo histórico, una masiva escapada épica, pues nadie soportaba un minuto más.



La gente abandonaba el país por tierra, mar y aire. Largas caravanas se dirigían a las fronteras y costas; los aviones se iban para no volver, y en líneas generales, la población prefería arriesgar su vida en pos de un futuro mejor que quedarse atrás sufriendo los seseos y desvaríos de Mariano.


Paradójicamente, él que fusilaba a miles de inmigrantes en sus delirios oníricos, había convertido en emigrantes a unos 30 millones de personas.


Y si no hizo emigrar al resto, fue porque entre medicinas petroquímicas y venenos varios en aire y agua, los dueños del mundo le habían ahorrado a los millones restantes la molestia de poner pies en polvorosa, o simplemente de verle el careto a Mariano, conocido popularmente como “Marrano”.
Así, se quedó más sólo que la una en la península que tanto había ansiado dominar, más que gobernar. Era un emperador solitario, que ya únicamente conservaba poder sobre los animales cuando estos le hacían caso, que tampoco era muy frecuente. Hasta las gaviotas que tanto habían simbolizado en su escalada ególatra, ahora deyectaban sobre su cráneo con inusitada precisión y sorna.
Eso sí, con el tiempo, se sorprendió de ver como cumplía una de sus promesas electoralistas, algo que jamás hubiera dicho que podría llegar a suceder.
La naturaleza tomó el control de la península y en poco tiempo, la vegetación se había propagado, formando un tupido bosque. Mariano se quedó trastornado de ver como la nación se había reforestado tras llegar él al poder. Le hacía reír a carcajadas así como  culparse a sí mismo el haber cumplido una de sus promesas, aunque fuese de modo indirecto. No iba con sus principios.


Pero no era la única enajenación mental que sufría al margen de las congénitas. 



Entre sus aficiones, había una que le llenaba profundamente, que daba sentido a sus tediosas horas de soledad, y era la de ir a los estancos abandonados, coger cajas de puros enteras, y con ellos entre los dientes, perseguirla…


Perseguirla a ella.


La única que de veras estaba a su lado al margen de las bestias de granja que se follaba. 
La única que le sonreía y le decía, “oh sí su majestad, su excelentísima eminencia, es usted el amo y señor de los mares y los cielos”. 
Acto seguido, echaba a correr y él, con su aspecto desharrapado de salvaje, con el puro entre los dientes, saltaba y corría entre cascotes y plantas enredaderas, persiguiéndola entre risotadas nerviosas, gritándole “¡No te vayash!, ¡no te vayash!, jijijajajajojo”
Pero la niña, que habitaba exclusivamente en su cabeza, siempre era más rápida que él.








domingo, 5 de septiembre de 2010

A malgastar la A hasta hartar la calmada paz.









“Anda ya al rapabarbas a rapar tal bárbara barba rala, la cara clama ya.”, canta Ana…
Cada mañana Ana canta baladas macarras a la playa, ya cansada, harta, y cagada hasta las trancas. Tal trápala, tanta algazara,  tanta zarabanda, alarmaba a las razas allá apalancadas y tranzaba la calma. Vaya charrada más chabacana.
Mas para plasta Marta, la bastarda cansa hasta a las santas al charlar. Van ambas tras cal Jan  y Ana clama:
¡Vaya vallada!-anda, sáltala y agarra farla y mdma hasta cargar la saca.
Tras asaltar ca Jan, Marta alcanza a Ana y la llama para danzar vals y cha cha cha, asaz afán para ambas. Al dar al alma tal alabanza, alzaban carcajadas a mansalva.

Va  Fran, (la pasma facha) al bar a malgastar la pasta y al pasar capta a las chavalas al danzar: Tachaaaaaaaán, ja, ja, ja ¡PARAD!
- Vaya, vaya, Marta y Ana, y cargadas. Ajá... ¡farla! Para agasajar a la pasma...
- ¿Agasajar a la pasma?- Brama Ana tras agrandar las agallas-, ¡Jamás! Para la pasma, ántrax y alfalfa. ¡A mamar trancas bravas al bar, facha carca! ¡A zampar bayas hasta atrafagar la garganta! Farla, crack y MDMA para las chavalas acá plantadas.
- Hala, vaya astracanada, bastarda. Zas, daca la saca. La pasma va a dar a las rayas hasta manar sangraza nasal. Tal plan agradara al capataz.
- Tanta cháchara ya cansa, charrán. Tanta maldad facha va más allá,acabará fatal... y la casta la arrastra hasta la saña. Marta alza la navaja y tras rajar la cara a Fran, caga la hazaña al marrar la navajada a la garganta-
- Vaya maña, mamarracha, jajaja. La magaña más trabada jamás tramada.
Ana, trama zangamangas, y, al tran tran, traspala la farla hasta la plaza tras Fran, mas arma maraña a mansalva y da la alarma al facha.

- ¡Pagarás cara tal trastada!

Mas las chavalas, y las ratas allá paradas, atacan hasta matar al facha.
Ya para acabar, tras la cagada facha, Marta va a ca Ana, y tras llamarla, van a vagar al bar. Al alba ya van dadas, la cara farla salva la garganta rasgada, y macadas, andan las ramblas hasta las atarazanas. La lacha laxa las llama a tragar más. Y a la cama van, a manchar las blancas sabanas, tras llamar y aplatanar a Adán. Allá,  Adán lanza gachas amargas y a mamar, vaya farra, a cardar y cardar. Y Fran, palmaba tras las navajadas, para calmar a las chavalas y ratas hartas.
Acaban la farra, bajan al bar, y a tragar más...
-Barman, saca mas cava anda, ah, y para pagar, ya paga la casa.